Ese recuerdo multiplica mi indignación ante estas dos historias. Meses atrás en la muy chavista ciudad de Miami, y digo chavista porque no hay otra que le guste más a los herederos del Atila del siglo XXI, y más específicamente en Brickell, y para más precisión en la discoteca Blume, 1421 South de la Miami Avenue, se desarrolló esta escena el 2 de febrero: un miembro del alto mando del despacho que encabeza la muy comprometida ministra del área penitenciaria pagó 20.000 (¡veinte mil!) dólares para que su mesa estuviera llena de gente bella y fuera la más viva de la noche. El consumo permanente fue Dom Perignon. Al terminar la farra, él se encaprichó de la muchacha que los había atendido e insistió impertinentemente para que se fuera con él; sus compañeras me narran su actuación desagradable, al marcharse le dejó a ella de propina 2.000 (¡dos mil!) dólares mientras le decía: Te lo pierdes.
No es el único caso. Meses atrás, allí mismo, un vociferante rojo rojito se prendó de otra, le hizo todo tipo de avances, ella se dedicó a trabajar. Al final, el muy revolucionario cliente firmó el recibo de la tarjeta y colocó 5.000 (¡cinco mil!) dólares de propina. Ya va, no termina el cuento, seguidamente le dijo con tono tartajoso: Si quieres le pongo otro cero, pero ya sabes, te vienes a pasar la noche conmigo.
Miserables es poco para como merecen ser tildados estas basuras que siguen desangrando nuestro esquilmado país. Peores son quienes habiendo tenido cómo ayudarnos a zafar de ellos se han dedicado a cultivar su propia agenda. Tan ruines como unos son los otros.
Fuente: http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/miseria-miserables_81094
ENVIADO DESDE VENEZUELA
No hay comentarios:
Publicar un comentario