sábado, 11 de noviembre de 2017

¿Cuánto valen 8 años sin peronismo?

Existe una notable correlación entre peronismo y decadencia.
Parecería que todo el aparato peronista, tan efectivo en décadas pasadas, comienza a perder preponderancia en un mundo que se comunica totalmente diferente a como lo hacía hace no más de una década. 
El marketing comunicacional del peronismo quedó casi tan relegado como los mismísimos dinosaurios del Spielberg, frente a un oficialismo que, con globos amarillos y un mensaje conciliador, le copó la parada. 
Además, parecería que los más chicos -y por lo tanto, los menos contaminados ideológicamente- están comenzando a hacerse un planteo básico: fueron el partido que gobernó preponderantemente durante las últimas décadas y hoy nos encontramos frente a un alarmante estado social y económico, exhibiendo una nación con 30% de pobres y con un déficit educativo que indignaría al mismísimo Sarmiento. 
Parecería existir una notable correlación entre peronismo y decadencia. Y quizá la madre de todas las preguntas incómodas sea tan simple como ésta: fueron menemistas en los 90s, kirchneristas en la década derramada: ¿con qué verso intentarán rearmarse para el 2023?
¿Cuántos años sin peronismo?
¿Es posible imaginar a nuestro país libre de peronismo por un periodo relativamente prolongado de tiempo? Quizá, desde New York estén mirando el verdadero bosque que importa. 
Nosotros, por el contrario, quedamos permanentemente atrapados en una coyuntura interna que es frenéticamente histérica y bipolar, que nos nubla cotidianamente la capacidad de comprender lo realmente relevante. 
Estamos aprendiendo a convivir democráticamente con una opción distinta al peronismo, nuestro eterno victimario y “salvador”. Lo que hace algunos años era sólo un minúsculo gobierno municipal se ha convertido en una expresión política con suma relevancia nacional, pintando de amarillo a lo largo y a lo ancho, a toda la nación. 
Esta “mancha” amarilla que se esparce a velocidad en el mapa político de los argentinos ha tenido notables consecuencias en la reducción del riesgo país desde el 2013, aspecto sumamente importante para una nación que se verá forzada a endeudarse fuertemente en los próximos años. 
Cuantificando el no-peronismo
En 2013 el riesgo país que correspondía a la parte larga de la curva argentina era de 13%, hoy asciende solamente a 7%. El principal enemigo de la inversión real es precisamente, la incertidumbre la cual se cuantifica en el mercado de bonos. Vivir con tan elevados niveles de primas de riesgo destruye toda posibilidad de que un proyecto real de inversión sobreviva al cálculo de su valor presente. 
Supongamos un proyecto que pague 100 dólares a 30 años. Un empresario podría haber invertido en Chile descontando al 3,50%, mientras que, si lo hacía en Argentina, la tasa a utilizar hubiera sido del 13%. 
El proyecto de inversión en Chile valdría 35,63 dólares y el mismo, ubicado en Argentina, sería de 2,56, implicando que invertir en el país andino resultaba 1.293% superior a la Argentina. Hoy, nuestra prima de riesgo ha colapsado al 7% por lo que el proyecto valdría 13,14 dólares. 
Desde el 2013 los activos argentinos iniciaron una tendencia muy positiva y el avance que ha mostrado nuestra nación ha sido enorme, pero al mismo tiempo nos recuerda lo lejos que estamos de ser un país normal. 
A pesar de los notables avances, rendir 7% cuando el mundo desarrollado lo hace debajo del 3,5% indica que para los mercados financieros seguimos siendo un país esquizofrénico. 
Después de la euforia electoral
La pendularidad de los argentinos está nuevamente presente. Toda la euforia quedó del lado de un oficialismo que resultó claramente victorioso en su primer gran test electoral. 
Pero se hace necesario nuevamente impedir que la hoja del árbol nos nuble el bosque. Enfrentamos un extenso sendero hacia la normalidad, un camino que tendrá tres décadas de longitud. En un mundo en donde todo rinde 0%, Argentina sigue exhibiendo una de las primas de riesgo más elevadas del mundo emergente, lo cual refleja el enorme y sacrificado camino que deberemos recorrer para recuperar la normalidad de una nación que por setenta años vivió infectada de un populismo caníbal. 
En tanto Argentina no encare reformas estructurales significativas, seguiremos siendo un país inviable, una nación que exhibe de las más altas primas de riesgo del mundo y una carga fiscal y laboral cercana al 65% es una combinación letal si lo que se pretende es seducir a capitales extranjeros. 
Crecer no es rebotar
En la medida que sigamos siendo un país inviablemente anormal, Argentina no tendrá chances de crecer sostenidamente. 
Es altamente probable que para las elecciones presidenciales del 2019 lo peor del ciclo recesivo lo hayamos visto y para los próximos dos años nos espere un fuerte rebote económico con un alto componente de consumo, pero con una inversión que seguirá siendo escasa. 
O sea, una economía que rebotará primordialmente al ritmo de licuadoras, cafeteras y lavarropas, aspecto insostenible a mediano plazo. Argentina hoy sigue apostando a un shock de consumo y gasto púbico. 
En este contexto de euforia y optimismo sería útil que no nos olvidemos de lo formidablemente costoso que será hacer la transición desde lo que hoy somos, una economía africana de consumo, hacia lo que necesitamos ser, una economía de inversión. 
Es lo que hay que hacer para erradicar el 30% de pobreza con que nos dejó el practicar populismo por setenta años de nuestra decadente historia. 
Sherman 
Chief Strategist 
Para CONTRAECONOMÍA

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