viernes, 24 de agosto de 2018

La libertad no genera crisis. Por Iván Carrino

La economía argentina atraviesa una situación por demás delicada. El dólar sube, también el riesgo país, y con ellos la inflación. Lo único que no sube es la producción, que este año se contraerá entre 1 y 2%. 
La imagen es más lamentable cuando se compara lo que va a suceder (y lo que está pasando) con lo que se esperaba que suceda. 
De acuerdo al propio gobierno, la inflación iba a ser lo más fácil de resolver después de la salida de CFK y la economía iba a crecer “por 20 años seguidos” gracias a las reformas económicas encaradas. 
La realidad asestó un duro golpe a este relato. Pasamos de hablar de “pobreza cero” a prometer desesperadamente que “ésta no será una crisis como las anteriores” y que de ninguna manera iremos a un default de la deuda pública. 
Mientras tanto, los vencimientos de Letes (la deuda en dólares de corto plazo) suenan como las agujas de un reloj. 
En medio del caos, algunos no dudan en responsabilizar al “neoliberalismo” de lo que está ocurriendo. En esto coinciden no solo kirchneristas y analistas de izquierda, sino incluso columnistas del conservador diario La Nación, que consideran que el gobierno de Macri les habló a los mercados “con el manual del buen capitalista”, pero éstos le contestaron con el bolsillo y la crisis cambiaria. 
¿Qué hay de verdad en esto?
Liberalismo y Macri
El gobierno de Macri nunca se consideró liberal. De hecho, siempre gustó definirse como desarrollista, en la medida que le pedían etiquetas. No obstante uno no tiene por qué creerle a un sujeto lo que dice de sí mismo. 
Mejor, entonces, mirar los datos. 
El liberalismo propone, en su concepción más clásica, un estado limitado en sus funciones, con un gasto público bajo, impuestos acordes y cuentas públicas en orden. Claramente, esto es algo que se aleja mucho de la realidad argentina, donde el gasto no solo es alrededor del 40% del PBI sino que el déficit fiscal está entre los más altos del mundo civilizado, en torno al 6% del PBI. 
El tema fiscal es clave, puesto que siempre estuvo detrás de nuestras crisis, ya sea que éstas se manifestaran en megainflaciones o en crisis de deuda. En la medida que el país sufra de crisis fiscales, entonces, no podemos hablar de crisis del liberalismo. Es que el liberalismo económico es incompatible con el exceso de gasto público. 
Hay países que podrían considerarse más liberales que Argentina –como Chile- en donde tanto el gasto como los impuestos son más bajos, y también lo es el desequilibrio de las cuentas públicas. Allí, si bien el Riesgo País subió en lo que va del año, lo hizo en menos de la tercera parte de lo que subió en Argentina. Ser medianamente liberal no genera crisis… De hecho, las previene o amortigua. 
Algunos datos adicionales a considerar son la gestión de los precios y la apertura comercial. Los controles de precios no tienen nada que ver con la libertad económica y, sin embargo, el gobierno de Cambiemos prorrogó 9 veces el programa Precios Cuidados, incrementando en junio de este año en 100 la cantidad de productos alcanzada por el programa inaugurado por Cristina Fernández. 
En términos de inserción internacional, también escuchamos que el gobierno tiene vocación de abrirse… pero lo hecho en concreto es poco y nada. Normalizar una situación que nos convertía en parias internacionales no es abrazar el liberalismo. 
La libertad es buena
Si bien queda claro que la gestión Cambiemos, analizada en conjunto, no es liberal sino, a lo sumo, socialdemócrata o desarrollista, sí corresponde mencionar que algunas medidas liberalizadoras se han tomado. 
Ahora bien, esto no mete a la Argentina en el liberalismo, sino que simplemente le saca las excentricidades propias de un modelo populista totalmente acabado. 
Como me dijo una vez un economista bastante heterodoxo en tiempos del kirchnerismo: “el auto está dado vuelta, y si bien los pilotos tienen distinto estilo de conducción, todos saben que primero hay que ponerlo con las gomas sobre la pista”. 
Dos medidas liberalizadoras destacan por su impacto positivo: el fin del cepo cambiario y la eliminación de las retenciones a la exportación. 
El fin del cepo generó un aluvión de confianza internacional que redujo significativamente el Riesgo País en Argentina. En marzo de 2015, cuando Macri anunció que –si era elegido presidente- el cepo cambiario sería eliminado, el riesgo país estaba en torno a los 600 puntos básicos. Para el día de la asunción, el indicador había roto la barrera de los 500 puntos, una cifra que no veía desde el año 2011. 
El fin de las retenciones, por su parte, dio impulso a los sectores del campo. Recientemente se conoció que el efecto combinado del fin del cepo y las retenciones generaron un aumento de la producción de trigo de 132%, lo que repercutió en una suba de la recaudación de 29%. 
El liberalismo no genera crisis. De hecho, las medidas más liberales que tomó el gobierno resultaron en beneficios concretos para la economía del país. 
Lo que sí genera crisis es la persistencia del déficit fiscal, que más allá de las buenas intenciones y discursos del macrismo, permaneció casi sin cambios entre 2015 y la actualidad. 
Si no logramos ver esto, terminaremos en el peor de los mundos: más déficit, más crisis y muchas menos libertades para todos. 
Saludos, 
Iván Carrino 
Para CONTRAECONOMÍA

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